El retail acumula tres bases que crecen sin parar: proveedores, empleados y clientes. Ninguna se puede revisar a mano, y las tres tienen su propia obligación. La de proveedores por debida diligencia, la de empleados por confiabilidad, y la de clientes por habeas data.
Los programas de fidelización son el punto de incumplimiento más frecuente y más fácil de probar: recogen datos de cientos de miles de personas, casi siempre con una casilla marcada por defecto o un texto que no dice la finalidad. La autorización así obtenida no cumple, y la base entera queda en entredicho.
En la operación, el fraude interno rara vez es un robo aislado: es un control que existía y dejó de ejecutarse, o una segregación de funciones que se rompió por una ausencia y nunca se restableció.