Los juegos de suerte y azar operan con efectivo, con volúmenes altos de transacciones pequeñas y con premios que se pagan a personas que no siempre son las que apostaron. Esa combinación explica por qué el sector tiene régimen propio y por qué el conocimiento del cliente aquí no se parece al de ningún otro.
El riesgo característico no es el gran movimiento: es el fraccionamiento. Muchas operaciones por debajo de cualquier umbral, dispersas entre puntos de venta, que solo se ven si el monitoreo está calibrado sobre una segmentación real y no sobre un umbral fijo.
A eso se suma la red de colocadores y puntos de venta, que es una cadena de contrapartes con la misma exigencia de conocimiento que cualquier proveedor, y con más rotación que casi ninguno.